La Virgen del Cerro

Todos los sábados llegan miles y miles de peregrinos, de todas las edades que son convocados por la fe. A 20 minutos del centro de Salta, un cerro se convierte en el escenario natural de los que buscan el amor de la Virgen María. Allí una mujer,  María Livia Galliano de Obeid, una ama de casa, madre de tres hijos, los recibe y  reza por ellos a la Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús,  la Virgen que se le manifestó por primera vez en 1990. Todos los sábados, a las 12 en punto, comienza el rezo de un rosario, a su finalización se realiza la Oración de Intercesión, durante la cual María Livia toca suavemente el hombro de los peregrinos, que llevan fotos, rosarios, ropa, cartas y objetos personales de ellos y sus seres queridos. Muchos de ellos caen al piso, asistidos por los servidores,  otros se emocionan, lloran, se arrodillan, sienten aroma a rosas, ven girar el sol y viven emociones tan fuertes como placenteras. Desde ese momento, los testimonios cuentan que un cambio interior profundo se empieza a gestar en la vida de quienes se han entregado con fe y no son pocas las historias de sanaciones y milagros que se le atribuyen. Todos se van con una paz interior indescriptible, con ganas de transmitir lo vivido y poder volver.

 

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